La información disponible e incluso el conocimiento que hoy abunda, como nunca antes, no despiertan por sí solos el deseo de saber ni de ser mejores seres humanos.
Más que fabricar trabajadores y adaptar individuos, el cuidado de la vida y el futuro de la humanidad requiere que los humanos sanemos lo que nos dificulta reconocer lo que somos y que despertemos nuestra vocación esencial para que podamos superar lo que nos hace sufrir y reproducir el mundo fragmentado y en autodestrucción que heredamos.
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